26 de septiembre
XXVI Domingo ordinario

Trabajar por un objetivo común

Nm 11:25-29/ Sant 5:1-6 / Mc 9:38-43, 45, 47-48

“…como no es de los nuestros, se lo prohibimos.”  En el Evangelio de hoy, los discípulos ven a un hombre expulsar demonios en nombre de Jesús, y le piden que deje de hacerlo porque no es “uno de ellos”.  Primeramente, en este comentario existen celos y rivalidad. Como leímos la semana pasada, no hay espacio para esas características en el corazón de un verdadero discípulo.  En segundo lugar, dijeron “no es uno de los nuestros.” La palabra nuestros (en lugar de tuyos) indica que, en cierto modo, se han elevado a ser iguales a Jesús. Claramente, todavía están batallando con la lección de “los primeros serán los últimos”.  Jesús lo resuelve diciéndoles que permitan al hombre continuar con su trabajo, y que si él no está contra nosotros, entonces está a nuestro favor. Esta es una lección importante para ti y para mí.  ¿Cuántas veces nos enorgullecemos de nuestra propia piedad o fe y llegamos a la conclusión de que nuestro propio discipulado es más fuerte que el de otra persona?  Nuestro objetivo es la unificación con todos aquellos que “no están contra nosotros”, independientemente de su estatus o denominación.  ¡El discipulado misionero cobra impulso cuando nos damos cuenta de que todos estamos trabajando por un objetivo común!

Oración plenamente vivos