Carta personal del Obispo Kemme para los feligreses de la Diócesis de Wichita sobre la crisis de abuso.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

A medida que continúo reflexionando sobre la dolorosa crisis que enfrentamos en la iglesia, causada por el abuso de menores y adultos vulnerables por el Arzobispo McCarrick y a la luz del reciente informe del gran jurado de Pennsylvania, el cual detalla los abusos inefables causados por sacerdotes y el encubrimiento de sus obispos durante más de siete décadas, me siento exhortado a responder de una manera que traerá para todos los que tienen el liderazgo en nuestra Iglesia herida las gracias que nosotros como obispos necesitamos para restaurar la confianza de nuestra buena gente.

He estado reflexionando sobre el texto del Evangelio de San Marcos 9: 14-29, que cuenta la historia de cómo se les había pedido a los discípulos que expulsaran a un demonio horrible y poderoso que había tomado posesión de un niño. Cuando los discípulos no pudieron ayudar al niño, lo trajeron a Jesús. El demonio arrojó al niño en convulsiones e incluso al fuego. Jesús respondió al demonio e inmediatamente lo dejó, quien lo ayudó a levantarse y lo devolvió a su familia. Cuando los discípulos le preguntaron por qué no habían podido hacerlo, Jesús les dijo que este tipo solo puede ser expulsado mediante la oración. Nos enfrentamos a un demonio poderoso y destructivo que obra en la Iglesia hoy, que ha llevado a algunos, a quienes se les ha confiado el cuidado de almas, a sacerdotes e incluso obispos a abusar de niños y jóvenes adultos. Este abuso ha escandalizado a tantos en la Iglesia y es hora de que esto termine. Tenemos y debemos continuar desarrollando políticas y procedimientos claros, transparentes y efectivos para enfrentar esta crisis; también debemos confiar en la oración; oración intensa y frecuente. La oración unida al ayuno expulsará a este demonio y restaurará la paz que tanto anhelamos en nuestra Iglesia. Nosotros, los que permitimos que este demonio causara estragos en nuestros corazones, los obispos, también debemos hacer penitencia y hacer reparaciones.

Con este fin, tengo la intención de ayunar y orar el primer viernes de cada mes en el futuro próximo, tal vez por el resto de mi ministerio episcopal. Tengo la intención de ayunar usando las pautas del ayuno del Viernes Santo y dedicar mi hora santa diaria en ese día en reparación por mis pecados y en particular por los pecados y crímenes de obispos, sacerdotes y religiosos que han abusado de cualquier manera a menores y jóvenes adultos. Aunque nunca les llegaría a pedir que ustedes adopten esta práctica, yo con todo mi corazón invito a otros para que se unan conmigo especialmente nuestros sacerdotes y religiosos, si el Espíritu de Dios los inspira. Juntos, podemos alistarnos como soldados del ejército de Dios para combatir a este poderoso y destructivo demonio de nuestros tiempos.

Además de esta promesa de oración y ayuno, quiero pedir disculpas de todo mi corazón por los crímenes y pecados de los obispos. Aunque personalmente no causé nada de este daño, comparto un profundo dolor de vergüenza y culpa por el daño, detrimento y desaliento que todo esto ha causado, a las víctimas, sus familiares y a todos en el rebaño del Señor. Por su caridad, oren por mí por favor, por nuestro Santo Padre y por todos los obispos, porque ahora necesitamos sus oraciones más que nunca. Dios los bendiga a todos.

Su humilde e indigno sirviente y obispo,

+Obispo Carl A. Kemme